viernes, 5 de marzo de 2010

Revista Martín Fierro

Reproducimos aquí parte de un artículo de Ana María Battistozzi, publicado en el diario Clarín de Buenos Aires (ver art. aquí)

"Martín Fierro", la revista vocera de la vanguardia artística argentina

Uno puede imaginar a Borges de muchas maneras pero convengamos que es difícil verlo como autor de pegatinas por la ciudad. Sin embargo más de una vez practicó esa rutina nocturna a fines de 1921 y comienzos de 1922 cuando le tocó pegar las hojas de Prisma, la revista mural que fundó con Guillermo de Torre, Eduardo González Lanuzza y su primo Juan Borges. Apenas una hoja tamaño afiche con poemas e ilustraciones de Norah Borges, Prisma fue el primer atisbo de radicalización que marcó la irrupción de la vanguardia en la literatura y el arte en Buenos Aires en una década deslumbrante para la vida cultural de la ciudad y el país. Un momento de efervescencia que se afirmó al avanzar los años veinte y tuvo en el periódico Martín Fierro, fundado en 1924, un espacio inédito de debate sobre la renovación estética que se planteó tanto en la literatura y el arte como en el cine y la música.

Borges había vuelto de España en 1921 con el entusiasmo renovador que le había dado su aproximación al ultraísmo, una versión ibérica del futurismo y el cubismo que había realizado allí importantes aportes a una renovación de ese tenor. Tres años más tarde fueron Xul Solar y Pettoruti, dos artistas que llevaban diez años en Europa, los que retornaron con un bagaje similar. En 1924 Pettoruti irrumpió por primera vez en Buenos Aires con una serie de pinturas cubistas y futuristas. El revuelo que provocaron cuando las presentó en la galería Witcomb de la calle Florida fue tal que los asistentes terminaron a las piñas.

Sin duda 1924 fue un año movilizador y la aparición de Martín Fierro no fue ajena a la efervescencia que alimentaron los debates estéticos que, llegados de Europa, planteaban las mismas cuestiones que habían animado a las vanguardias internacionales desde principios de siglo XX. Pocos espacios se prestaron tan abiertamente a ese objetivo como esta publicación fundada por el poeta Evar Méndez en la que colaboraron poetas, artistas y críticos escritores de la talla del propio Borges y Eduardo González Lanuzza, Oliverio Girondo -autor del provocativo manifiesto "Martín Fierro"-, Macedonio Fernández, Norah Lange, Ricardo Nalé Roxlo y Córdoba Iturburu.

El entusiasmo por la renovación de las formas (Art. original aquí)

Pese a que su nombre sugiere una asociación con la literatura gauchesca, nada más distante de Martín Fierro que manifestó una vocación universalista y de renovación de las formas. Sólo una estrofa de "La vuelta de Martin Fierro" eligida por su fundador afirma su autonomía: "De naides sigo el ejemplo/ naide a dirigirme viene/yo digo cuanto conviene.".

Es difícil definir bajo un común denominador los contenidos de esta publicación que entre 1924 y 1927 editó cuarenta y cinco números y llegó a tirar veinte mil ejemplares. La tirada del primer número fue de 15 mil ejemplares y costaba 10 centavos.

Martín Fierro fue más bien un espejo de variadas tendencias. Tal como expresó uno de sus antiguos directores, "a partir de Martín Fierro, se escribe y se pinta de otra manera en el país". Evar Méndez dijo que la publicación "se proponía cantar con toda su voz". En sus páginas aparecieron figuras tan distantes entre sí como Xul Solar, Raúl González Tuñón, Leopoldo Marechal y Norah Lange. Característico fue el humor burlón y el ingenio de quienes escribían sus escuetas cuatro páginas.

Pero sobre todo el entusiasmo por la renovación en todos los órdenes que llevó a sus páginas la poesía de Apollinaire, la pintura de Cezánne y Picasso, las novedades arquitectónicas de Le Corbusier o la música de Stravinsky y Schönberg.
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